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Marzo 2007
EDITORIAL QUEHACERES
A pesar de los avances de los últimos años, la mujer sigue siendo el rostro de la pobreza y de la discriminación económica y política en el mundo.
Hace ya más de una década surgió en los foros internacionales el concepto de feminización de la pobreza, un abordaje teórico que se basa en visibilizar el impacto diferencial de las políticas en hombres y mujeres, y que al aplicarse evidenció, o permitió evidenciar que la mayor cantidad de pobres corresponde a mujeres, indígenas, negras y jefas de hogar.
Desde entonces se afirma que “la pobreza tiene rostro de mujer”, una forma de llamar la atención sobre este gran problema social. ¿Qué hemos hecho a partir de entonces? Desde los espacios de toma de decisiones, muy poca cosa.
El discurso no ha sido respaldado por las acciones. Hoy está claro que para erradicar la pobreza hay que acabar con la discriminación de las mujeres.
Así lo proclama la Campaña Global contra la Pobreza (GCAP) a la que se adhiere Quehaceres con un contenido que sustenta esta propuesta. La República Dominicana, igual que la mayoría de países del globo tiene el desafío de reducir la brecha de inequidad que existe entre sus mujeres y hombres.
Las cifras de desempleo, niveles salariales, salud, educación y acceso a puestos de poder, entre otros indicadores, nos revelan que sólo basta nacer mujer para empezar la vida con menos oportunidades y mayores riesgos de marginación. Si las acciones de lucha contra la pobreza no toman en cuenta la realidad de las mujeres y actúan en consecuencia, será difícil lograr resultados tangibles.
Los primeros pasos para poner en marcha el sistema de Seguridad Social han revelado que en las provincias mas pobres del territorio, en la región sur, el índice de jefatura de hogar femenina es tan alto que hasta supera el 50% en provincias como Bahoruco. Son hogares de marginación y miseria, donde una mujer sin oportunidades subsiste de manera precaria y lleva la carga de una prole cuyo progenitor eligió marcharse y abandonar sus responsabilidades.
En un escenario totalmente diferente, como es el académico, mujeres educadas y bien calificadas tienen tres veces mas dificultad que los hombres para encontrar trabajo y cuando lo encuentran, su salario medio es 30% menor que el de los hombres, y en algunos casos hasta 44% inferior. Lo que esto quiere decir es que hay un factor de discriminación que impide que las mujeres desarrollen sus potencialidades y logren un mayor bienestar económico.
Desde el punto de vista de las instituciones, la lucha contra la pobreza no tiene el impacto esperado si no se toma en cuenta la condición de las mujeres para la planificación y ejecución de acciones. A estas alturas, sin la inclusión de la igualdad de género es impensable aceptar las políticas de desarrollo.
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Quehaceres presenta en este número un contenido que sustenta desde diversos puntos de vista el lema de la campaña de este 2007: Igualdad de género para poner fin a la pobreza.




